Los Askis son GOD. Esa mezcla de música andina, cumbia y romanticismo no es solo la fórmula perfecta para sacar los prohibidos en las bodas, en la calle o donde sea que suenen esas zampoñas descendidas del cielo; también es una muestra ferviente de resistencia cultural que celebra nuestras raíces y herencia de la mejor manera: con música tremenda.
Los orígenes de Los Askis se remontan a 1994. Ese año, además del Error de Diciembre, Miguel Hidalgo y compañía arrancaron un proyecto con el que querían alejarse del tropical estándar y mirar mucho más al sur del continente. Fusionaron quenas, charangos y zampoñas con la cumbia para dar origen a la cumbia andina mexa, un sonido que no existía formalmente en el panorama popular mexicano.
Su statement fue musical y estético. ¿Qué mejor forma de darle más sabor a esa ricura que vistiendo ponchos y mezclando referencias visuales andinas con mexicas para gestar una identidad que celebra lo prehispánico, más en un contexto en el que lo masivo aspiraba a parecerse a lo gringo o europeo? Incluso “askis” significa “amigo” en otomí.

Rolones como “Amor Regresa”, “Vienes y Te Vas” y “Amigos Nunca” siguen siendo parte del cancionero por excelencia de cualquier celebración. Sus letras, aunque cursis en una lectura superficial, exploran la psique, la condición humana y esas cosas internas que hacen que la gente se aferre al dolor… o a la idealización de lo que fue el amor. Migajerismo le dicen ahora.
La cumbia andina como resistencia cultural
En lo personal, mi amor por Los Askis nació gracias a mi padre. Tocaba en una rondalla y de repente cambiaban la trova por canciones andinas como “El pájaro chogüí” y “El cóndor pasa”. En su momento tenía que soportarlas, pero con los años aprendí a apreciar su construcción y su importancia cultural. Bueno, y si les metes cumbia… uffas. Nunca pude tocar la zampoña, btw.
Es obvio que mucha gente siente algo parecido. No por nada Los Askis reunieron a más de 60 mil personas cuando se presentaron en diciembre pasado en el Zócalo.
La cumbia andina mexicana de Los Askis es un espejo de identidad, tanto nacional como latinoamericana. Al incorporar quena, zampoña y charango dentro de una estructura bailable masiva, el grupo no solo creó un subgénero; activó una memoria cultural dentro del circuito popular.
La música no es neutra: moldea y refleja identidades, articula narrativas históricas y reafirma pertenencias. Por eso la propuesta de Los Askis funciona como una afirmación simbólica de nuestra raíz latinoamericana e indígena. Además, fueron de los primeros grupos del género en grabar con disqueras importantes y en exportar su sonido.
Los Askis, en cada uno de sus shows, realizan un acto de preservación activa y resistencia colectiva. Mantienen vivos, de cierta manera, los rituales y sonidos de nuestros antepasados y los legitiman en un mundo que constantemente intenta borrar o minimizar las identidades culturales no blancas.
Así que, arriba Los Askiiiiiiiiiiiiiiis ¡Ajajaajajaaayyyyy!







