Miranda Santizo abrirá los conciertos de Kali Uchis en México. Y, más que una telonera en un tour grande, es una compositora que ha construido un pop incómodo: melodías claras, confesiones directas y una narrativa que no romantiza el caos emocional, lo pone sobre la mesa… aunque le duela a la raza.
Su música habita ese territorio donde el amor no explota en drama, sino que se descompone lentamente. En ARMADURA (2024) trabajó la idea de la defensa emocional como reflejo generacional: orgullo como escudo, distancia como estrategia, frialdad aprendida. No era un disco de victimismo, sino de contención.
De la armadura al consuelo
Con el EP consuelo (5 de marzo de 2026), el movimiento es claro. Los sencillos “otravezmepusemal”, “un g que no siente” y “te doy igual?” apuntan a una escritura más expuesta.
La producción mantiene una base pop sólida, pero el centro es la vulnerabilidad. No hay discurso de superación instantánea; hay error, insistencia y reconocimiento del desgaste emocional.
Esto es algo rico en la actualidad, pues el pop mexicano suele dividirse entre la fórmula urbana genérica y el indie que a veces está muy random. Miranda ocupa un punto intermedio poco común con sus canciones accesibles que no sacrifican conflicto interno.
Abrir para Kali Uchis es una plataforma durísima para Miranda, muy ad hoc con el perreo íntimo y pegadito de la Kali.
Hay bandas que escriben sobre emociones. Otras sobre política. Ice Nine Kills hace música sobre asesinatos ficticios, casas embrujadas y payasos homicidas… tu bro el Art o el payaso Eso.
Su proyecto consiste en tomar películas de terror y convertirlas en canciones estructuralmente narrativas, casi como si tradujeran el lenguaje del cine al metalcore. Como mini resúmenes de YouTube, pero chidos y sin chistes todos tontos.
El disco que los puso en el mapa masivo fue The Silver Scream, el cual es un catálogo slashers clásicos convertidos en metalcore. Cada canción toma una película específica y la desarma: personajes, escenas, diálogos, clímax.
No es solo mencionan al Freddy o al Michael Myers, sino que traducen su historia en riffs y breakdowns. Spencer Charnas, el vocal, es un fan enfermo del horror y entiende cómo funciona el miedo como ritmo narrativo.
En The Silver Scream 2: Welcome to Horrorwood la cosa se volvió todavía más maquiavélica. No solo siguieron adaptando películas; armaron un universo propio con videoclips conectados, asesinatos ficticios y una trama tipo slasher alrededor de la banda.
El resultado no es un homenaje genérico sino convertir el cine en estructura musical. Si la película es psicológica, la canción respira y se tensa. Si es gore directo, los riffs van al cuello.
Y en vivo no se guardan nada. Maquillaje, utilería, sangre falsa, puro teatro del divertido. Spencer Charnas ha dicho en entrevistas que el horror le permite no crecer nunca, quedarse en ese espacio donde lo grotesco y lo lúdico conviven. La banda opera bajo esa lógica: abrazan el exceso. Mientras otras bandas hablan de demonios abstractos o traumas genéricos, Ice Nine Kills te dice exactamente de qué película está hablando y hace que se te antoje ir a verla.
Eso es lo que los separa del resto del metalcore. Básicamente, son fans que llevaron su afición por el terror a otro terreno artístico.
Los Askis son GOD. Esa mezcla de música andina, cumbia y romanticismo no es solo la fórmula perfecta para sacar los prohibidos en las bodas, en la calle o donde sea que suenen esas zampoñas descendidas del cielo; también es una muestra ferviente de resistencia cultural que celebra nuestras raíces y herencia de la mejor manera: con música tremenda.
Los orígenes de Los Askis se remontan a 1994. Ese año, además del Error de Diciembre, Miguel Hidalgo y compañía arrancaron un proyecto con el que querían alejarse del tropical estándar y mirar mucho más al sur del continente. Fusionaron quenas, charangos y zampoñas con la cumbia para dar origen a la cumbia andina mexa, un sonido que no existía formalmente en el panorama popular mexicano.
Su statement fue musical y estético. ¿Qué mejor forma de darle más sabor a esa ricura que vistiendo ponchos y mezclando referencias visuales andinas con mexicas para gestar una identidad que celebra lo prehispánico, más en un contexto en el que lo masivo aspiraba a parecerse a lo gringo o europeo? Incluso “askis” significa “amigo” en otomí.
Rolones como “Amor Regresa”, “Vienes y Te Vas” y “Amigos Nunca” siguen siendo parte del cancionero por excelencia de cualquier celebración. Sus letras, aunque cursis en una lectura superficial, exploran la psique, la condición humana y esas cosas internas que hacen que la gente se aferre al dolor… o a la idealización de lo que fue el amor. Migajerismo le dicen ahora.
La cumbia andina como resistencia cultural
En lo personal, mi amor por Los Askis nació gracias a mi padre. Tocaba en una rondalla y de repente cambiaban la trova por canciones andinas como “El pájaro chogüí” y “El cóndor pasa”. En su momento tenía que soportarlas, pero con los años aprendí a apreciar su construcción y su importancia cultural. Bueno, y si les metes cumbia… uffas. Nunca pude tocar la zampoña, btw.
Es obvio que mucha gente siente algo parecido. No por nada Los Askis reunieron a más de 60 mil personas cuando se presentaron en diciembre pasado en el Zócalo.
La cumbia andina mexicana de Los Askis es un espejo de identidad, tanto nacional como latinoamericana. Al incorporar quena, zampoña y charango dentro de una estructura bailable masiva, el grupo no solo creó un subgénero; activó una memoria cultural dentro del circuito popular.
La música no es neutra: moldea y refleja identidades, articula narrativas históricas y reafirma pertenencias. Por eso la propuesta de Los Askis funciona como una afirmación simbólica de nuestra raíz latinoamericana e indígena. Además, fueron de los primeros grupos del género en grabar con disqueras importantes y en exportar su sonido.
Los Askis, en cada uno de sus shows, realizan un acto de preservación activa y resistencia colectiva. Mantienen vivos, de cierta manera, los rituales y sonidos de nuestros antepasados y los legitiman en un mundo que constantemente intenta borrar o minimizar las identidades culturales no blancas.
Así que, arriba Los Askiiiiiiiiiiiiiiis ¡Ajajaajajaaayyyyy!
Cuando artistas multidisciplinarios se unen para crear, por lo general salen cositas muy interesantes, y justo eso es The Amazing Devil: un dúo musical alternativo británico formado por Joey Batey y Madeleine Hyland en Londres, que suena místico y teatral por todo el background cultural y creativo que suman sus componentes.
Su propuesta trasciende lo convencional del folk y lo convierte en un paisaje sonoro teatral y profundamente narrativo. Esto porque Joey y Madeleine se conocieron trabajando como actores en la Royal Shakespeare Company. Y bueno, se nota un chingo en sus composiciones repletas de emociones intensas, historias personales y atmósferas con tintes esotéricos.
Musicalmente, The Amazing Devil ha sido descrito como una banda de folk alternativo dramático y lírico, cuyo sonido mezcla guitarras acústicas y eléctricas, piano, cello, flauta y percusiones que emergen desde lo orgánico y lo teatral. Aunque etiquetados como alt-folk, ese mote les queda chico: sus canciones pueden comenzar con melodías suaves y acústicas para después transformarse en arcos sonoros épicos o hipnóticos, como si cada tema fuera un cuento o mito musical en sí mismo.
Sus letras y composiciones evocan paisajes, oníricos, emocionales y simbólicos, que se sienten tanto personales como universales: historias sobre relaciones, pérdidas, sueños y dolor que se acercan a lo simbólico y a lo arquetípico (bien jungiano el bisne). Lit con sus canciones recorres territorios narrativos intensos y oníricos, con un lirismo que recuerda a fábulas.
Desde su álbum debut Love Run (2016) hasta The Horror and the Wild (2020) y Ruin (2021), el grupo ha ido consolidando una estética sonora que mezcla relatos teatrales con sensibilidad folk, llevada a un nivel donde cada canción funciona casi como un relato independiente, con inicio, nudo y desenlace emocional. Las letras están impregnadas de juego de palabras, metáforas oscuras y una narrativa que a menudo mezcla lo cotidiano con lo poético o lo inquietante.
Su música también tiene una base performativa. El hecho de que ambos miembros provengan del teatro hace que esa estructura narrativa se note en sus temas. Es delicioso sentir cómo la vocalidad y la instrumentación confluyen en una especie de discurso dramático y místico en su intensidad expresiva.
The Amazing Devil se ha convertido en una banda de culto. Y, lastimosamente, tal parece ser que sus fans van a tener que esperar un milagro o llamado mágico, pues desde 2023 lo único que se sabe de ellos es que anunciaron que estaban trabajando en su siguiente disco.
Shout out a la Xime por enseñarme esta banda, la define como “música de brujitas”.
Google presentó Lyria 3, el nuevo modelo de música generativa desarrollado por Google DeepMind, capaz de crear canciones completas (con letra, voz e instrumental) a partir de un prompt o incluso de una imagen subida por el usuario. La herramienta está integrada en Gemini y marca un paso más en la carrera por automatizar la creatividad (turbio).
Según ha explicado Google, Lyria 3 no solo “mejora” la calidad del audio respecto a versiones anteriores, sino que introduce capacidades multimodales: puede “interpretar” imágenes y convertirlas en piezas musicales coherentes con la atmósfera visual. El salto no es técnico únicamente. Es conceptual.
O sea, muy chido y todo, pero la IA está haciendo aquello que, en teoría, íbamos a hacer nosotros tras poner a chambear a los robots: el trabajo creativo. Y eso no nos gusta a muchos por las implicaciones éticas y artísticas que y tendrá.
En 2023 y 2024, más de 200 artistas, como Billie Eilish y Stevie Wonder, firmaron una carta pública impulsada por la Artist Rights Alliance exigiendo regulaciones claras sobre el uso de IA en la música y denunciando el entrenamiento de modelos con obras protegidas sin consentimiento explícito.
La preocupación no es hipotética: varias investigaciones de medios como Rolling Stone y The Guardian han documentado cómo modelos generativos han sido entrenados con grandes volúmenes de música existente, lo que ha desatado litigios en Estados Unidos y Europa.
Además, el caso de canciones generadas por IA que imitaban voces de artistas, como FlowGPT que hizo llorar a Bad Bunny (aunque sí tenía unos temazos, la verdad) evidenció que la tecnología ya te puede reemplazar, sorta. Bueno, y si lo sumas con los deep fakes, las posibilidades son muuuuy turbias.
Lyria 3 sí va a ser una herramienta divertida que te permita crear una balada sobre tu perro cojo o un perreito bien marrano basado en una de tus fotos familiares. Incluso le va a brindar posibilidades de creación a quienes no tienen conocimientos ni educación musical. Pero a qué costo.
¿Desaparecerán los músicos? claro que no, pero lo que sí sucederá es una erosión gradual del valor del oficio. La música hecha por humanos (al igual que cualquier expresión artística) implica tiempo, aprendizaje, error, vida y contexto. La música generada por IA implica velocidad, eficiencia y predicción estadística basada en patrones previos.
Cuando cualquiera puede generar una “canción profesional” en segundos sin saber armonía, sin tocar un instrumento y sin escribir una línea, la experiencia artística se transforma en producción de contenido. El proceso deja de importar. Solo importa el resultado inmediato. Pero, seamos honestos, disfrutar del proceso es lo que le da sabor a la vida misma.
No obstante, da curiosidad ver qué será el nuevo Tralalero Tralalá en versión auditiva. ¿Nos acercamos cada día más a una distopía tecnológica? Ya estamos ahí, viejx. Pero, al menos queda un consuelo: la IA jamás superará lo random de la mente mexicana, alv viejones.
Carpenter Brut no hace canciones, construye escenas caóticas de acción e historias en formato sonoro. Y en “Speed or Perish”, el tercer sencillo de Leather Temple, lo deja claro: esto es nuevo cyberpunk que le mundo necesitaba: colores neón, explosiones, sintos durísimos y resistencia ante el sistema.
Franck Hueso, el Carpenter Brut, lleva más de una década construyendo un universo donde el synthwave no es estética retro que solo suena bonito, sino que plasma la tensión, el metal, distopía en fusión con el terror, el slasher y la ciencia ficción, en especial el cyberpunk: ciudades arrasadas, máquinas dominando el espectáculo y humanos convertidos en combustible del entretenimiento.
Third Driver: Lita Speed Or Perish, New Song out now Video Clip by Seth Ickerman tomorrow 6pm CET pic.twitter.com/eAgMJxFfHX
“Speed or Perish” no tiene letra porque no la necesita. Es instrumental y se te instala directo en el cerebro: sintetizadores propulsivos, golpes electrónicos, guitarras distorsionadas y un ritmo acelerado que no baja la velocidad… el sueño de todo tdahero.
El videoclip es dirigido por Seth Ickerman y es una joya: muestra una masacre a alta velocidad: cuchillas, disparos, choques y el consumo de la vida humana como insumo del entretenimiento y el control de masas. La cámara vertiginosa no se detiene y la sangre no se estiliza. Es una distopía donde la adrenalina es la narrativa y el caos es la única constante.
La canción forma parte de Leather Temple, disco que sale el 27 de febrero y cierra la trilogía conformada por Leather Teeth y Leather Terror.
Musicalmente, Leather Temple promete un sonido más rítmico, más directo y más saturado, con una atmósfera noventera electro-industrial que conecta con el ADN cyberpunk clásico: beats afilados, capas distorsionadas y una sensación permanente de colapso inminente. Cada track funciona como una secuencia dentro de un mundo que ya está cayendo.
Carpenter Brut no redefine el synthwave: él es el synthwave. Además, lo empuja hacia el metal industrial y lo instala en un paisaje cyberpunk donde la velocidad es la única droga que necesitamos.
Desde que irrumpió en los escenarios con apenas 12 años junto a su padre Dave Grohl, el líder de Foo Fighters (F.F. si le sabes a los Jojo’s) Violet Grohl ha tenido una vida ligada a la música. Pero ahora, a sus 19 años, la pregunta más repetida es: ¿es solo una nepo baby más o es una que sí tiene aquello para crear por sí misma?
Este año, Violet ha publicado varios sencillos como “THUM” y “Applefish”, disponibles en plataformas tras firmar contrato con Republic Records bajo su propio sello, Auroura Records.
Musicalmente, “THUM” suena crudo, energético y con un pulso directo al rock alternativo moderno, mientras que “Applefish” muestra una faceta más soñadora dentro del mismo espectro sonoro.
“What’s Heaven Without You”, otro de sus lanzamientos recientes, es atmosférico y está inspirado en el cineasta David Lynch (absoluto cine 🚬☕🏔️🏔️). Lo compuso junto a Persia Numan (hija de Gary Numan) y el productor Justin Raisen, después de los incendios en Los Ángeles en 2025.
Este coctel de nepotismo suena interesante, pues apela a una sensibilidad propia y un interés por explorar emociones y referencias culturales que trascienden su apellido.
Gran parte de su trayectoria temprana (desde cantar covers con Adele junto a su padre hasta participar en homenajes y tributar canciones de Nirvana con los miembros sobrevivientes en 2025) podría verse como posicionamiento familiar. Pero el hecho de que haya firmado con un sello global, esté recibiendo producción profesional y haya lanzado múltiples singles propios indica que su carrera se está construyendo más allá de su linaje.
Musicalmente, sus primeros pasos mezclan crudeza guitarrera con texturas modernas y atmósferas introspectivas, lo cual conecta tanto con fans del rock alternativo como con audiencias más jóvenes que consumen música experimental e híbrida.
Claro, todavía está en los primeros pasos de su carrera y su apellido le va a abrir todas las puertas que quiera y ni siquiera va a tener que tocarlas. Pero Violet Grohl parece demostrar que puede transformar esas nepo oportunidades en algo chidito.
Entonces, ¿es solo una nepo baby? En el sentido literal podría decirse que sí, pero de aquellas que si se saben la de jalar, pues su música ya suena reconocible, su firma creativa empieza a tomar forma y su proyecto no parece depender únicamente de la sombra de su padre.
Dulce María volvió a la música con “Casi Algo”, una canción popera que suena muuuuucho (quizás demasiado) a RBD.
Este retorno ocurre cuando, en el imaginario colectivo, el nombre de Dulce María pareciera estar más asociado al fenómeno del reencuentro de RBD que a una carrera solista activa.
Después del Soy Rebelde Tour, una de las giras latinas más taquilleras de 2023, la conversación en torno a su trayectoria quedó muy bellow de line, pero lo mismo ocurrió con la referente a la carrera de sus compañeros del grupo.
Por ello me pregunté ¿realmente importa su regreso musical hoy Para no caer en juicios, hice un pequeño experimento doméstico: preguntando en la oficina a mis compañeras si consideraban relevante su retorno, la respuesta fue unánime: nos tenía con el pendiente la morra… y Xime ni la topaba.
¿Se aferra a RBD o busca su esencia propia?
En “Casi Algo”, Dulce María habla de relaciones indefinidas, intensas pero sin nombre, algo que conecta con códigos afectivos actuales. La producción es limpia… pero suena muchísimo a RBD.
Supongo que eso será del agrado para quienes son super fans de RBD y de la gente que creció con ella. Pero, en mi nada humilde opinión, considero que no hay señales claras de que este retorno a la música marque una evolución en su quehacer artístico. En términos de memes, sería un “ah ok, te me cuidas”.
El regreso de Dulce María no compite por dominar el pop contemporáneo, ni mucho menos figurar en los tops de las plataformas. Sino que más bien se siente como un esfuerzo para mantenerse vigente entre quienes la recuerdan.
Para nadie es nuevo que la nostalgia vende, pero al menos póngale voluntad. También se vale explorar cosas nuevas. La gente cambia con el tiempo y se nota cuando alguien está estancado… o se aferra a lo que le da confort.
Budaya, el proyecto conformado Maya Piña y Tulio Almaraz, presenta “Querer (Sin Querer Tener)”, una colaboración con Wet Baes (Andrés Jaime) en la que explora el acto de amar sin convertir al otro en propiedad, a través de una fusión de electrónica rica, melódica y popera.
Musicalmente, la canción cuenta con bases electrónicas limpias, capas atmosféricas y un enfoque emocional fiestero que no cae en dramatismo. La producción de Wet Baes aporta pulso y textura, pero sin desplazar la identidad del dúo. “Querer (Sin Querer Tener) se mantiene en ese punto medio entre electropop y house suave perfecto para toda ocasión.
Líricamente, el tema gira en torno a una idea concreta: amar sin intentar poseer, no desde el cliché del desapego frío, sino desde la aceptación de que las relaciones cambian y que el crecimiento personal no siempre coincide con la permanencia. El concepto es simple: querer sin convertir el afecto en propiedad o autoridad.
“Querer (Sin Querer Tener)” no busca romper moldes ni marcar época, sino que pretende dar un mensaje sumamente relevante en un contexto en el que las ideologías tóxicas de derecha van al alza, al mismo tiempo que te pone a bailar suavecito con su feeling lleno de groove.
Kim Gordon, cofundadora de Sonic Youth y figura fundamental del rock alternativo desde finales de los 80, sigue trabajando su voz artística y anda con todo: lanzó “Dirty Tech”, el segundo sencillo que adelanta su próximo álbum solista Play Me, el cual se estrena el 13 de marzo vía Matador Records.
“Dirty Tech” llega después del primer avance oficial del disco, Not Today, y se suma a una serie de pistas que trazan una evolución en su obra, donde se mezcla su herencia en la escena underground con temas contemporáneos.
En “Dirty Tech”, Kim Gordon aborda directamente la relación entre los humanos y la tecnología, y lo hace con una mezcla de crudeza sonora e ironía. La letra plantea cuestionamientos sobre la influencia de la IA en la vida cotidiana y el poder, con líneas que reflexionan sobre si nuestros futuros empleadores podrían ser chatbots y sobre quién pagará el precio real del avance tecnológico.
Esa tensión es reforzada por una producción que incorpora ritmos hip-hop y texturas modernas, manteniendo el enfoque experimental que ha caracterizado a Gordon desde sus días en Sonic Youth.
El video que acompaña al tema, dirigido por Moni Haworth, utiliza imágenes de oficinas vacías y entornos corporativos desolados para reforzar esa sensación de desplazamiento humano frente a la tecnología.
new from Kim Gordon – “DIRTY TECH” video directed by Moni Haworth
“Dirty Tech” es parte del tercer álbum solista de Gordon, Play Me, que también incluye temas como “Not Today”, “Busy Bee” y “Post Empire”.
En entrevistas recientes, la artista ha descrito el proceso de creación del disco como más rápido, enfocado y marcado por ritmos potentes, en colaboración con el productor Justin Raisen. Play Me sigue la estela de su trabajo anterior, The Collective (2024), pero incorpora nuevas preocupaciones temáticas ligadas a la era digital.
En conjunto, “Dirty Tech” y los avances de Play Me nos remarcan que Gordon sigue siendo una figura creativa poderosa, capaz de explorar cómo la cultura sonora puede captar y cuestionar el pulso de su tiempoy contexto sociopolítico.